¡ A la France !

Portbou aparentemente no tiene nada de un gran interés. Al quedarme allí unas cuantas noches en una pensión mediocre (aunque con el precio de 23€/noche ya me olía algo así, es justo) me dí cuenta de la importancia que había tenido este lugar en la historia. A 4km de la frontera con Francia, había visto pasar exiliados republicanos hacia Francia durante la guerra civil española y después refugiados judíos que intentaban escapar del terror nazi entre ellos Walter Benjamin. Allí murió él. El monumento a su memoria, minimalista, es un ejemplo de que con el mínimo se puede conseguir el máximo.

Mínimo, máximo. W.Benjamin.

Ni sus playas, ni el pueblo merecen unas líneas. Pero sí su gente. Al quedarme sin nada que fumar y pasearme por el pueblo en busca de algún lugar donde comprar, me informaron que el único estanco y el único bar donde dispensaban  estaban ya cerrados. Un lugareño sin dudarlo, subió a su casa y me lanzó desde su balcón un paquete entero para mi sorpresa, agradecimiento y satisfacción.

 

Hospedándome allí y dado que los precios para quedarse en la Costa Brava al otro lado de la frontera eran prohibitivos, decidí visitar la primera parte de Francia haciendo excursiones desde Portbou. Acierto.

Tan sólo 35 minutos de coche me separaban de Collioure. Allí murió Antonio Machado y me da a mí que de un infarto al ver tanta belleza concentrada en tan pocos metros cuadrados. Qué rincones, que playucas coquetas, cuanta belleza en tan poco espacio. Sí, un poco infestado de turistas. Pero seámos sinceros, yo era uno de ellos. Aguas cristalinas, unos pescando, otros simplemente contemplando. Sólo recuerdo en la mezquita de Córdoba quedarme tanto rato boquiabierto jugando con una de las cosas que vine a buscar en este viaje, lo bello.

Collioure

Además coincidía que hoy mi novia y yo íbamos a juego.

 

Para comer, un buen bocadillo. Los precios mareaban y tampoco veía en las mesas raciones que quiten el sentío.

Me llamó la atención la presencia del catalán en esta zona. Todas las calles estaban nombradas en sus dos idiomas más tiempo hablados. Ignorancia la mía, para esto también hemos venido.

Rue y Carrer.

A la vuelta paré en un pequeño pueblo, Port-Vendres, con toda la pinta de pesquero. Allí me dí mi primera sesión de ostras que tanto tanto quiero. Precio razonable, vistas inmejorables y un olor a mar mientras comía que al cerrar los ojos se me aparecía un tal Jacques, no el de la colonia sino el que vivió toda su vida descubriendo océanos, su hogar. Y otra vez el catalán.

Ostreando.

Ah! y en el trayecto, nada más pintoresco que esto.

Pintoresco al cuadrado.

 

Dejé definitivamente la Costa Brava rumbo a la zona ostrícola de Agde y Sete. Mi afán de recorrer el litoral mediterráneo hizo que evitara las carísimas y recurrentes autopistas con peaje del país que presume de magníficos servicios sociales. Las carretera no es uno de ellos.

En el camino paré en Leucate, cuyas ostras son ofertadas por todo el litoral del sudeste galo. Será de los primeros pueblos tragados si el nivel del mar sube siquiera unos centímetros. Centenares de criaderos de ostras me saludaban mientras yo absorto salivaba cual Homer tras su porkchop. Qué sensación conducir a ras del agua con los palotes señalando donde estaban las joyas de la corona. Yo me sentía rey mago.

Buena cuenta dimos de un plato variado. Leucate nº1, Leucate nº3, … son calibres y calidades. Yo, la verdad, me las engullí todas sin prejuzgar su tamaño, eran todas dueñas de mi gaznate. Una copita, sólo una de blanco de la zona, un café y hacia delante, que el primer camping nos espera en Agde. Tras tanta carretera y el GPS meterme por los puñeteros «chemines», iba roto y todavía tenía que registrarme y montar la tienda.

Leucate

 

Bon jour, bon soir, bon bon, s’il vous plait. Ojú que mal hablo francés. La de recepción, todo un encanto, menos mal que hablaba inglés.

Would you like private shower and bathroom? – Of course madmoiselle. Grata noticia aquella. Una especie de cabañita tenía váter, ducha, lavabo y cien ganchos para colgar lo que vous voulez. Una ducha rápida mientras con mis casi dos metros podía ver por encima meterse al sol tras el horizonte aquel. Qué placer fue aquella ducha, no me sentaba tan bien un baño desde los semanales cuando era un bebé. Ahora la tienda, ¿sabes qué? no me apetece montarla y pa seguir con el romance de la ducha esta noche me duermo mirando las estrellas. Un poquito de relex por si acaso y a correr. Mañana será otro día.

 

Tanto me gustó lo de dormir a cielo raso que no monté la tienda en los 5 días que me quedé. La cara de los pros del camping con sus roulottes como palacios, eran para enmarcar. Alguno no se lo podría creer. Qué hace este pobre muchacho sin cobijo. Y si llueve, ¿qué va a ser de él? A la mañana siguiente, no se si por casualidad, me encontré una moneda de un euro al lado. No se si alguien por pena, me lanzó aquello cerca por si no tenía que comer. Yo disfruté tanto viendo estrellas, el universo es tan grande… qué coño hacía yo trabajando en un cubículo de tres por tres.  Un título de película me venía a la cabeza. Dios no existe o si lo hace no es bueno ni malo, es solo un sueño como aquella imágen de la noche y el ciprés.

 

Un par de días estuve de «dolce far niente», descansando. La piscina tenía toboganes, chorros spa, cafetería y minimarket al lado. Yo flipaba, no sabía que los campings puedieran estar tan currados.

Al tercer día pregunté a la recepcionista qué había por ver en la zona. Tal y cual y cual y cual, me dijo. Yo sólo escuché una: degustación de vino en Cap D’Agde. Allí fui con mi novia, mi bicicletuchi, silbando como Chicho y Piraña por Nerja la guapa.

A ver de qué va ésto. El puerto mu bonito pero ¿donde está el caldo ese que tanto exportan los franceses? De repente doblé una esquina, pasé por debajo de un pequeño puente y allí estaba aquello. Una catarsis de 110 bodegas, cada una con su carpa. A ver Arturo como funciona esto. Parece que esos que van en bici con banderita y carromato venden algo, voy a preguntar. Oui, oui, trois euros pour trois degustatió (o como se escriba). Y de regalo una copita con cordón pa atar al cuello. Dí los 3 euros, metí la copa en la mochila de mi novia y pal primer puesto. Bon jour, bon jour, bon bon, bon soir. Je voudrais… la chavalá me miro con gesto serio. ¿english, swedish? no, espagnol. ¡Oh mama! c’est pour toi! Resulta que la madre de la muchacha hablaba perfecto español, le encantaba Santander y era tremendamente amable. Bien muchacho, cual quieres probar? – Uno blanco y seco por favor. – Este es del año tal y con toques a tal y cual…. Me lo dío a probar, normalito dije yo. Le dí mi primer ticket de la degustación. Creí que todo acababa allí.

De repente me dijo – y ahora cual quieres probar? – ehhh, pensé yo, pues si tengo que gastar aquí los tres tickets pues los gasto, luego voy a por más. De momento no me pidió otro ticket. Te pongo este que es un blanco más seco que anterior, tal y cual pascual. Ese me encantó! Tres sorbos y encantado que iba yo. Ahora probarás un rosado, luego otro blanco y luego para acabar un tinto nuevo de hace un par de años, creo que te gustará. Señora – dije yo – sólo llevo 3 tickets, no tengo para los 5 que usted me ofrece. La señora se echó a reir. – No muchacho, con un ticket pruebas todos los vinos de mi bodega -. Mi barbilla se juntó con mi pecho del sofocón. – Y esto es así en todos los puestos? – le repliqué yo. Sí, monsieur, así hacemos las cosas en Francia. Después del quinto vino yo ya iba más alegre que un niño en día de reyes. Y me quedaban otros dos tickets….jajajaj, jajaja, jajaja, tal era mi estado de éxtasis. De momento la Fraternité era verdad.

Ah! y le compré una botella del que más me gusto.  Cinq euros. – Encima barato – pensé yo.

 

Segundo puesto, (quedaban 108), un tipo de aspecto majete, rechonchón. La gente se reía con el cuando el servía el vino aunque yo no me enteraba de lo que decía, más que algún «sec» o «pour les huitres». Me dío buena espina, así que le pedí en mi francés de campurriano un vino blanco bueno y seco. El sexto de la tarde. Él me pregunto por mi orígen. – Español señor -. Ah! De qué parte dijo en un perfecto castellano. Vivo cerca de Barcelona. – Oh Barcelona, tres jolie! – respondío. Yo tengo familia en el Delta del Ebro. Ojú, madré mia – pensé yo. O tengo mucha suerte o España y Francia son hermanos, sí señor! Fraternité, fraternité. Aquí me soplé 4 vinos y otra botella que me gustaba le compré. Otros 5 euros, al saco de la bici y a correr a por el tercer ticket. Al mirar cuantos tickets me quedaban, la vista me decía que todavía tenía los tres.

El de Deltebre.
La pareja de ases.

 

No recuerdo bien el tercer puesto pero sí recuerdo una sensación de grandeza, de que la idea de hacer este viaje estuvo bien. Un paseo para recorrer el resto de puestos y ver al ambiente.  De oreja a oreja llevaba una sonrisa dibujada. La gente miraba mi bici pero esta vez no estaba seguro si era a mí a quien miraban. Suerte que llevaba bici, 3 kilómetros de vuelta escuchando Benjamin Clementine, a partir del primer minuto y medio de la canción volar, volar volar…. La letra resumía quien era yo en ese momento»…we all make a living by what we get, but we make life by what we give…»

 

A dormir. Mañana, Sete.

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