Istria, Croacia
Para dormir caro, todo caro. Me agencié una habitación en un pequeño pueblecito en mitad de la península rodeado de media montaña, viñedos y quercus. Sovinjak. 25€/noche en una habitación más que decente. 20 habitantes en el pueblo que durante las 12 noches que me he quedado allí me han hecho sentir como uno más. Típico hotel rústico, muy bien decorado con hermosas vistas 360º a los valles circundantes.
El primer día veo que en la parte de atrás de la iglesia había una comilona popular. Me dejo caer por allí a oler qué pasa. Le pregunto a un hombre jóven que se hacía entender en inglés la razón de aquel festín. Con un poco de resignación en la expresión dijo: «It’s a funeral». ¿Qué podía decir? Me disculpé por mi intromisión. Me vino a la mente la peli «Cuatro bodas y un funeral», que cuando la ví en su momento hace unos veinte tacos, me enseño a celebrar la vida y no lamentar la muerte, aún cuando pueda ser de lo más trágica.
Durante los siguientes tres días, la mecánica consistía en tomar un par de excelentes cafelucos -aquí la tradición cafetera italiana se nota-, alguna tostada con pate o quesos extraída de mi nevera y a funcionar. Fui a Porec, donde no duré ni 2 horas. Turistas, turistas y turistas… como yo. No sé, la sensación de estar en un encierro de San Fermín y no visitando un pueblo te quita las ganas de andar por allí. Fui a Rovinj, otra perla adriática, cuyo trazado intenté recorrer hasta que para pasar por ciertas calles uno tenía que hacer cola mientras los japoneses aprovechaban la espera para lanzar fotos a lo que fuera que tuvieran alrededor.
Así pues decidí buscar lugares menos conocidos por las guías de viaje pero que al menos me proporcionaran la posibilidad de contemplar la belleza sin cacofonías y darme un baño al más puro estilo «traje de recién nacido». Novigrad me proporcionó ambas cosas. La belleza la componía el paisaje, no el pueblo. Las calitas proporcionaban cierta privacidad. Uno tenía su parcela de playa que eran separadas por matorral. A izquierda y derecha gente como dios les echó al mundo. Unos baños libres de poliéster, unas lecturas con contemplaciones intercaladas, unas uvas, algún piti. ¡Qué mas puede pedir un vividor de vocación! Y alguno pensará: «Mujeres!». No diría que va mal encaminao.
El calor era extremo. Sudar como un pollo y abrevar para paliarlo no es menú de mi agrado, a no ser que una pelota y un aro sean los condimentos de tal vianda. Y alguno volverá a pensar: «Mujeres!». Y seguiría por buen camino.
Así que fui visitando pueblos del interior bien temprano y regresando a eso de las 11-12h para pasar el resto del dia «viviendo» en Sovinjak. Charlando con las 2 camareras que poca faena tenían en tan pequeño pueblo. Las dos hablaban muy bien inglés, tenían un gran sentido del humor y desprendían aspectos de matriarca. Mujeres con un par vaya. Aproveché para ver bastante cine en la habitación con aire acondicionada. Smoke, Romanzo Criminale, Los Profesionales, Las aventuras de Jeremiah Johnson, Mi hermosa lavandería, Persona, Doce del Patíbulo, Cuentos de Tokio, The last pictures show, El hombre que pudo reinar, Horizontes de grandeza -pa fliparla-, El olor de la papaya verde -una preciosidad-, El intendente Sansho, Peggy Sue se casó… Alguna que otra que quería ver por segunda vez como Paris, Texas, El indomable Will Hunting… Y una que me dejó boquiabierto, de menos a más: El festín de Babette. Todas ellas para mí muy recomendables.
Otra tarea para aprovechar los ratos malos de calor ha sido ir haciendo un curso de coursera.org, una de esas fuentes de información que pone educación de calidad al alcance de todos. Synapses, neurons and brains, de la Universidad de Jerusalem. Veremos si nos quedan neuronas para aprender sobre ellas.
Y para no perder el hilo cibernético, un par de cosas extraídas del equivalente a coursera pero para Ciberseguridad, Cybrary.it (gracias Joan M. por el descubrimiento y consejo). Social engineering and manipulation y Penetration Testing and Ethical Hacking. Luego un poco de poesía para compensar, unos podcasts y menú completo.
Las visitas a pueblos interiores han sido encantadoras. Buzet, Roc, Motovún, Vrh -no, no falta ninguna letra-, Gracisce… Dicen que Istria tiene los mejores vinos de Croacia. Existe una ruta del vino -bien señalizada en las carreteras-, que como no podía ser de otra manera recorrí con gusto y sonrisa en los labios. Ya que prácticamente todo el mundo habla inglés, pude mantener algunas charlucas didácticas sobre el caldo croata. El vino procedente de la uva Malvasía -que recuerdo haber probado también en las Canarias- me provocó diversos momentos delicatessen. Varias botellas han sido víctimas de mi sed vinícola. Cada puesta de sol la disfrutaba sentado al lado de la iglesia en el pueblo divisando los pequeñísimos pueblos que coronaban las colinas istríacas. Malvasía, me, myself and I.


Hacia el sur croata.
Salimos de Istria y nos dirigimos hacia el Sur. Desde Rijeka empezé a recorrer la costa bordeando el mar. Es maravilloso pasar a 5 metros del mar gozando de la vista, la brisa y el olor marino.
De nuevo, precios desorbitados para pasar noche. Booking.com me ofrecía una habitación decente hacia el interior en un pueblo llamado Perusic. Nada espectacular que ver allí pero con la suerte de que eran las fiestas del pueblo. Puede asistir a cantos y bailes del lugar mientras la cerveza -en mi caso vino- salía a borbotones por los tiradores de los bares del pueblo. Pito y tambor protagonizaban la música local. Me resulta extremadamente curioso como la música tradicional -si uno sustrae el idioma- se parece tantísimo entre sí. A veces parecía que estaba en mi tierra campurriana escuchando a montañeses haciendo la ronda.

Escrutando la zona con google maps, cual fue mi sorpresa e ilusión al comprobar que a 20 km se encontraba el lugar de nacimiento de Nikola Tesla, quien nos ha proporcionado entre otras muchas cosas la corriente alterna. Su Memorial Center no es que sea gran cosa -el gran museo sobre él se encuentra en Belgrado-, pero mereció la pena ver el enclave donde creció uno de los mayores genios de la historia.

Siguiente parada y pernocta, Zadar. Quería un poquito de calidad de cama. Me decidí por un apartamento relativamente barato para la época y lugar. Fueron 112 éroles por dos noches que agradecí con gusto, al lado de Zadar. Cama como pa tres, aire acondicionado, terraza mirando la puesta de sol para el relax nocturno…. una cocada.
Intentando encontrar el apartamento pedí ayuda a un vecino para localizarlo. El hombre, ni papa de inglés, me dice que pase a su casa. Yo acepto, me abre el frigorífico y me saca un algo para beber. Huelo… mmm … orujo! Después de 2 pelotacillos, o él hablaba inglés o yo serbocroata, pero de alguna manera conseguimos entendernos. Al salir, me mostró donde se encontraba el apartamento y se despidió amistosamente. Su rubio labrador quiso que me despidiera haciéndole carantoñas. Un placer Mr. Nosesunombrevic. Esto es hospitalidad. Viva el rakia, que no Bankia.
Primero una vuelta de reconocimiento por las playas del pueblo. Las rocas siguen protagonizando el panorama. Filetes de carne humana pueblan la calzada. Algunos con tumbona y otros cuerpo contra roca… a pelo. Las aguas siguen siendo transparentes, se pueden ver pececillos mientras nadas. Chiringos dispersos con músicas electrónicas diversas. Todas las edades representadas en tal mosaico estival. La nevera, el bocata, el transistor sostenido por un gran hombre con panza. Me doy unos bañucos, miro a unas chavalas, me pongo los cascos y cierro los ojos. Al atardecer vuelta a casa, vino malvasía croata, recorrido mental por mi vida. Su pasado, presente y futuro. Ahí va el sol con su crepúsculo. Mola viajar solo. Mientras pienso.. que también mola acompañado. A y B, no A ó B.

El siguiente día me voy pa Zadar. Una de esas ciudades que me suenan por haber tenido un gran equipo de baloncesto, el KK Zadar. Ni por lo más remoto me imaginaba que fuera tan espectacular esta ciudad. Mientras escribo esto me entero que hubo inundaciones catastróficas en la ciudad días después de estar yo por ahí. Buf. Así ví yo a Zadar antes de que se inundase.



Mientras paseo por sus calles, me doy cuenta que en dos días estaré en Split junto a mi amigo Raúl, aquel con el que he vivido aventuras y batallas para recordar desde hace 20 años. Al decir «hace 20 años» uno se percata de lo rápido que pasa el tiempo. Pienso que algún día de estos cogeré la maleta y me haré algún viaje largo antes de que me pille el toro, ese que no está enamorado de la luna, sino de la tumba. Todo un Miura.
Antes de reunirme con mi colega, visito otra ciudad que conozco por el baloncesto: Sibenik, que vió nacer al laureado y malogrado Drazen Petrovic. Una mañana y media tarde me pasé en esta pequeña perla del adriático. Unos paseos por el precioso casco antiguo. Pregunto si existe algún tipo de tributo/monumento/homenaje a Drazen. El chaval del aparcamiento me dice que sí, que la cancha donde solía entrenar él solo está «restaurada» y decorada en su memoria. Pallá que voy. Me echo unos tiros yo solito emulando a la estrella ex-yugoslava. Me recorre un nosequé por el cuerpo. Un chaval entra a la cancha, me pide la bola, lanza unos tiros y me cuenta que el padre de Drazen tuvo que instalar luces para que su hijo pudiera seguir entrenando cuando Lorenzo ya no estaba. Todo me transporta a cuando yo era chavalín y me quedaba jugando yo sólo hasta las 10pm con una tenue luz que apenas te dejaba intuir donde estaba la bola. Me apasionaba y ahora volvía a tener esa fuerza romántica que te estimula para mejorar mediante el trabajo y esfuerzo del dia a dia. El deporte no sólo es bueno para el cuerpo.



Hacia Split. En el trayecto me encuentro con este paisaje.

Llego a Split. Aparco coche como puedo en estrechísimas calles. Bártulos parriba, bártulos pabajo. Ducha y salgo. Raúl no llegará hasta entrada la noche. El barrio donde nos alojamos es como si fuera un pueblito. Casas de piedra divididas por estrechas calles. Al lado del casco histórico estamos. Pinta bien. Entro a la zona histórica. Flipo.


Boquiabierto, ensancho pecho, brazos en jarras, ¿qué coño es esto? Deambula mi mente por el Palacio de Diocleciano como Heidi y Pedro por la montaña. Mi corazón se agita, imagino este sitio en su época y la época como si fuera también mía. Danzo un poco más por la ciudad y voy al encuentro con Raulete……
klñasddflkjjfdskñksfñkj, PERISTILO, ñljaslkjñdffñklsñkljfdjkfdñkd, VINO, poipqweriujkfñkvñk, PERISTILO, pwuerpuwerpjñjksfd, CASA+TERRAZA, qjsdpiuikñvjñvijvdij, VINO, qpeiurjjfeñjjjkvjklv, RISAS Y CHARLAS, qpueiupiofjlñjkvjsvnkñv, PLAYA Y VINO, añlkdkjkfdjksafdlkjdasop, FIESTA Y BAILE, ……………………..
La habitación donde nos quedábamos la cuidaba una tal Marija que a medida que pasaban los días iba cogiendo confianza con nosotros y se os unía durante un rato a nuestra mesa terracera. Golpeando la tablet como si fuera martillo, nos mostró unos cantos tradicionales de su tierra. Ella no hablaba inglés ni nosotros serbo-croata. Fue divertidísimo. Un abrazo fuerte Marija.
Ha habido una compra en Split que me ha conseguido múltiples comentarios de los splitianos. La camiseta de baloncesto del equipo que ganó 3 Copas de Europa de Basket consecutivas: la Jugoplastika de Split. Toni Kukoc, Dino Radja, Perasovic, Ivanovic, Savic…. Al pasear por las calles de Split y llevar esta camiseta puesta, la gente no paraba de exclamar «Jugoplastika» dedicándome una sonrisa y/o una charluca sobre el tema. Noto que el deporte se toma muy en serio aquí, estando el waterpolo omnipresente. Tíos de 50 jugando al basket o a un juego playero como las palas de playa pero sin palas, sólo pelota. Pim, pam, pim, pam. Una variedad de esto consistía en hacer un círculo e ir lanzándose la pelota unos a otros de tal manera que el receptor tuviera que correr y a menudo lanzarse a por la pelota haciendo una gran estirada saltando a un suelo con dos palmos de agua. Espectacular.



En Omis, en el restaurante Bastion, el más tierno pulpo que hayamos probado nunca mi colega y yo. Trato cercano, amable y dicharachero. Rápidos y serios en el servicio. Precio no excesivo. De diez.
En Ston, restaurante Vila Koruna, nos pusimos púos de ostras, 18 por barba si no recuerdo mal. Los criaderos estaban a 50 metros del restaurante. Allí conocimos a una periodista croata con su marido e hija. Esta mujer conocía al dueño del restaurante y nos explicó con detalle la historia de la zona, con posters de mapas antiguos. La periodista ejercía de intérprete. Una delicia de mujer y un encanto de dueño. Todo sonrisas y buen rollo. Recordatorio: según el dueño del restaurante, la mejor época de ostras es Marzo y Abril.

Playas, excursión en barco por las islas cernanas a Split. Visita a la «blue cave», Hvar y alguna que otra playa espectacular. Sigue el agua turquesa y chavalas tan ricas como croquetas.


Varias visitas al concurrido Restaurante Fife. Excelente calidad/precio. El calamar frito para enmarcar. Siguiente parada, Dubrovnik.
Pocas palabras salen de uno cuando contempla la belleza de la ciudad antigua (Stari Grad) de Dubrovnik. Cierto que es un avispero de turistas como yo durante el día, pero si te levantas tempranillo puedes llegar al éxtasis sin drogas, sexo o rock&roll. Para los amantes de «Juego de Tronos», existe todo un tour visitando los sitios donde ha sido rodada y tiendas de souvenirs para aburrir.
Las ostras nos persiguieron durante nuestra aventura Dubrovnikiana en este local. Si no recuerdo mal, 4 visitas ostreras regadas con rico malvasía. ¡Vaya carucas de placer que poníamos los dos! Las risas presidieron las ceremonias.
Nos despedimos de Dubrovnik a lo grande. Salimos de copichuelas a un flipante local donde DJs manejaban sus herramientas mientras uno bailaba contemplando el interior del palacete, las gogos ejercitando sus cuerpos esculturales, y dos reinosanos con camisetas de basket tragando gintonics mientras el fotógrafo del local retrataba tal peculiar tándem. Kukoc y Petrovic de technotronic.
Sobre las 4:30am llegué al hostel un poco afectado. En 2 horas hay que levantarse para que mi amigo cogiera su avión de vuelta a España. Así lo hicimos. Te echaré de menos hermano.